
Distancias que no acuden a nostalgias, sino a búsquedas;
Porque la furia de buscarnos asume aladas esperanzas
Y cristaliza como la sal del día en los rincones
Y trepa por el tiempo con la fuerza vegetal de las hiedras
Y sobrevive a tormentas y sequías
Y nos encierra en un universo distinto
Donde estamos tan cerca que los ojos se reflejan en los ojos
Y los labios casi se besan
Y las manos reconocen la piel acariciada en los sueños
Y las horas nos esperan en la puerta
Y los viajes de la noche se detienen
En los ríos desconocidos, en las calles de piedra
En la húmeda turbiedad de la niebla y la madrugada
Y el frío se rompe en agua y silencios
Y los soleados senderos se iluminan de otra luz
Y las noches que separan confluyen en esa esquina
Y los días nos expulsan de su desolado paraíso
Y acudimos solo entonces, al maravilloso rito de sabernos.